Retiros espirituales

Escucha tus emociones y empieza a sanar desde dentro

Hacer como que no pasa nada puede parecer una habilidad de superhéroe moderno, pero la verdad es que la mayoría de nosotros termina aprendiendo, a base de tropiezos, que mirar para otro lado solo alimenta ese monstruo de calcetines sucios llamado malestar emocional. A veces, basta con poner en Google asesoría emocional Ferrol la tarde que sientes que te ha pasado una apisonadora para descubrir que igual la clave está más cerca de lo que creías. Reconozcámoslo: si leer los prospectos de medicamentos ya es complicado, ¿cómo pretendemos comprender ese manual de instrucciones del cerebro que nunca nos dieron?

A menudo, tenemos esa absurda costumbre de guardar las emociones en el fondo del “armario de las cosas incómodas”, justo al lado del jersey de Navidad y el libro de autoayuda que nunca terminamos. Preferimos decirnos que estamos bien, repostar con cafeína, y seguir tirando millas. Pero lo cierto es que las emociones, cuando no se gestionan, empiezan a salir como emails en lunes por la mañana. Una tras otra. Casi nunca traen buenas noticias. El ‘no pasa nada’ dura poco: antes de que llegue el viernes, probablemente ya has discutido con tu mejor amigo, has llorado viendo el anuncio del detergente y solo quieres empezar la semana siguiente en Saturno.

No nos enseñan a lidiar con el miedo, la ansiedad o la rabia. Aprendemos a hacernos los duros, a ponernos la máscara del emoji sonriente y a disimular mientras nos devoran los nervios. Y, sin embargo, no hay nada más humano que admitir que, a veces, la vida pesa más que la mochila en el viaje de fin de curso. Aquí es donde entra ese concepto de buscar apoyo, conectar con lo que sientes y dejarte guiar, aunque solo sea para descubrir que, lejos de lo que pensabas, son más los que se han perdido en este mismo bosque. Qué alivio cuando te das cuenta de que la ‘asesoría emocional Ferrol’ no es un unicornio inalcanzable, sino un recurso a tu disposición, como el paraguas en los días gallegos. Si lo necesitas, úsalo.

Quizá la complicación más grande con las emociones es que no tienen filtro de Instagram. Surgen sin avisar, sin pose ni maquillaje, y por mucho que las ignores, solo ganan fuerza. El miedo no desaparece porque le des la espalda, la tristeza no se esconde si finges estar ocupado y la rabia no se evapora por arte de magia. Puede que algún día pienses que “esto solo me pasa a mí” y te sorprendas descubriendo que a tu vecino le pasa algo sospechosamente parecido. ¿Quién no ha “perdido los papeles” alguna vez o se ha sentido en una montaña rusa sin haber comprado ticket alguno?

Un buen punto de partida para reconciliarse con lo que sientes es aprender a ponerle nombre a cada emoción, aunque al principio suene raro, como hablar con las plantas. Cuando te permites identificar lo que te ocurre, empiezas a reconocerte en esos momentos bajos y das el primer paso para entender el porqué. Dejas de pelear contigo mismo y empiezas a negociar la paz interior, aunque tardes en firmar el tratado. A veces necesitas un poco de ayuda externa, alguien que traduzca ese idioma de emociones indescifrables. Para eso están los profesionales de la ‘asesoría emocional Ferrol’, que no solo escuchan, sino que tienen ese superpoder de ver bajo la superficie y sostenerte el paraguas mientras pasa la tormenta.

 

Lo bueno de compartir lo que llevas dentro es que, de golpe, las emociones dejan de ser esas desconocidas que se cuelan en tus fiestas. Te das cuenta de que tienen un sentido; incluso la rabia tiene matices interesantes, y el miedo puede convertirse en el GPS que te indica dónde están tus límites. Dirán que sentir es de débiles, pero nada más valiente que reconocer que algo te duele, y aún más osado es pedir ayuda. Resulta hasta liberador no tener que cargar con el cartel de ‘invulnerable’ día y noche y poder decir, con honestidad, que algunas veces no sabes por dónde empezar. Aceptar que las emociones forman parte del viaje es algo parecido a dejar que el GPS recalibre. No significa rendirse, sino saber que hay atajos y carreteras secundarias que pueden llevarte lejos sin perderte.

 

Las emociones no son ese enemigo a batir ni una avería en el sistema. Son avisos del cuerpo y la mente, señales de tráfico internas que te dicen cuándo frenar, cuándo acelerar y, a veces, cuándo parar y disfrutar de las vistas. Negarlas solo conduce a atascos, esos que acaban tocando la bocina justo el día en que menos lo esperas. Con el tiempo, y si tienes el valor de adentrarte en ese sendero emocional, descubres que no hay monstruos debajo de la cama, solo partes de ti mismo esperando que las escuches. Dedicar tiempo a lo que sientes y darte la oportunidad de pedir ayuda profesional es una decisión que puede transformar la forma en la que te relacionas contigo y con los demás. La travesía interna puede ser intensa, pero aprender a gestionar las emociones es, sin duda, el mayor acto de amor propio que puedes permitirte. Como dicen algunos sabios gallegos, nunca está de más tener un buen paraguas ni saber a quién acudir cuando las nubes se ponen feas.