Aunque las generaciones Y y Z rompen con lo establecido y se desentienden en parte de su herencia cultural, sus hábitos de consumo se vuelven predecibles y convencionales en fechas señaladas. Los aniversarios son un buen ejemplo. Se estila regalar perfumes, joyas y experiencias compartidas, lo que demuestra que los milenials han tomado el relevo a la generación boomer en este sentido. ¿El obsequio más extendido? Una caja de bombones a domicilio, clásico que las pastelerías y tiendas de regalos aseguran nunca falla.
Regalar chocolate no es un tópico exclusivo de San Valentín: también en aniversarios se sitúa como uno de los productos más socorridos, por su romanticismo y grado de personalización. La ciencia también avala los efectos afrodisíacos de este alimento, que aporta endorfinas y serotonina a raudales, sin olvidar la llamada «molécula del amor»: la feniletilamina.
Los bombones se comparten, están ricos y expresan mucho, pero desaparecen con rapidez debido a su carácter fungible. Esto no ocurre con la joyería. Son populares los anillos de aniversario, de materiales que no necesariamente coinciden con la «edad» del matrimonio. No es preciso esperar cincuenta años (bodas de oro) para obsequiar al ser querido con una joya de este metal precioso.
Las nuevas generaciones son nativas digitales, por lo que su conexión con la tecnología es absoluta. Para las parejas más techie, regalar altavoces inteligentes, gafas de realidad virtual o lectores de libros electrónicos está cada vez más de moda.
¿Sabías que el ser humano puede recordar más del treinta por ciento de la información percibida por el olfato? Este hecho explica por qué los milenials comparten con las pasadas generaciones su gusto por regalar perfumes con motivo de aniversarios.
Ciertos matrimonios prefieren aparcar el consumismo durante su «fecha más especial», invirtiendo en su lugar en experiencias: sesiones de spa, actividades al aire libre, viajes a destinos exóticos, etcétera. La lista de opciones es inabarcable.