En los últimos años, más de doscientas ciudades europeas han implementado medidas orientadas a mejorar la movilidad sostenible y reducir la congestión del tráfico. Aunque las restricciones a la circulación en zonas céntricas son protagonistas, existen otras iniciativas que han demostrado su utilidad. Ampliar la infraestructura de Parking Aparcamiento disponible es una de ellas.
La práctica totalidad de las grandes ciudades de la Unión Europea padecen una grave escasez de estacionamientos. No es ningún misterio que el crecimiento del parque móvil no ha evolucionado a la par del número de parkings. De ahí que la construcción de plazas, en sí misma, contribuya a solventar los problemas de congestión vial, pero su ubicación y planificación no se han tomado a la ligera. Los estacionamientos disuasorios son parte de la solución, al igual que los servicios de carga y descarga inteligente y otras propuestas que optimizan el aprovechamiento del espacio.
La mejora de los servicios de transporte público forma parte del roadmap de la UE para minimizar los embotellamientos en centros urbanos. Esto se advierte no solo en la creación de más carriles exclusivos para ciclos, autobuses y tranvías, sino en la diversificación de la oferta. Pueden citarse, como ejemplos de transportes alternativos, las bicicletas eléctricas o los coches compartidos o de carsharing.
Tímidamente, el big data y otras nuevas tecnologías han impulsado una pequeña revolución de la gestión del tráfico. Los semáforos inteligentes, por ejemplo, responden al estado de la circulación en tiempo real.
Aunque impopulares, el desarrollo de zonas de bajas emisiones (ZBE) y los peajes urbanos han logrado su objetivo en ciudades como Londres, es decir, desincentivar el acceso de vehículos a áreas céntricas. Pese al descontento social, esta medida ha aportado su granito de arena a la reducción de la contaminación y otros problemas causados por la congestión vehicular.