De las más de dos mil variedades de queso existentes en el mundo, no todas llaman la atención por su antigüedad o denominación de origen. El uso de ingredientes únicos, como la trufa, las nueces o el pimentón dulce, también dota al queso de un sabor especial. En España, Italia y otros países mediterráneos, se estila el empleo de hierbas aromáticas en la producción de quesos frescos y untables, como el cremette finas hierbas.
La albahaca, el perejil, el orégano y otras plantas herbáceas elevan el perfil aromático del queso. También aumentan la complejidad de su sabor y potencian sus cualidades nutricionales, al incorporar minerales, vitaminas, etcétera, que son privativas de las llamadas finas hierbas.
El pimentón dulce es otro ingrediente que se emplea para formular quesos, con varios propósitos: darles una apariencia más atractiva, mejorar su sabor y aroma, etcétera. Este condimento típico de la cocina española puede encontrarse en la corteza de quesos curados. Con diferencia, la D.O. de La Vera es la más popular.
Considerado el «oro negro» de la gastronomía, las trufas aparece entre los ingredientes de ciertos quesos selectos. En particular, los de leche de oveja adquieren un gusto más terroso y cremoso con este hongo hipogeo tan preciado en la cocina de medio mundo. En el pecorino, por ejemplo, se insertan fragmentos de trufa en la masa que transfieren un sabor a la mezcla. Como desventaja, este ingrediente tiende a encarecer el precio final
Otro añadido más o menos inusual son las aceitunas negras, que pueden encontrarse en quesos de cabra y de oveja. Su inclusión garantiza una textura y sabor fuera de lo común. Lo mismo sucede con las nueces, un fruto seco que brinda notas dulces a la masa de cualquier queso tierno. Su alto valor nutricional forma un tándem adecuado con las propiedades de este derivado lácteo.