Si el comercio mundial dependiese de mí, no cabe duda de que el planeta se iría a pique. Soy uno de los consumidores más lentos del universo y puedo pasarme días, meses o años para comprar determinado producto. Algunos me preguntan por qué lo hago así y no tengo una respuesta muy clara. Tal vez sea porque no soporto equivocarme en una compra o porque, directamente, no encuentro mucha satisfacción en comprar o tener cosas, aunque suene extraño.

Pero, me ponga como me ponga, todo ser humano necesita algunos productos para vivir, incluso yo. Una de las compras que haré en un futuro a corto plazo (y con corto plazo me refiero a dentro de las próximas semanas) será un ordenador para lo cual me estoy haciendo un ‘experto’ en productos informáticos. Entrecomillo lo de experto porque hasta ahora no había puesto demasiado interés en el mundo de la informática.

He comprado varios ordenadores a lo largo de mi vida. Pero sobre todo recuerdo uno que adquirí con mi primer sueldo serio. Fui a una tienda y confié en el vendedor para que me montara uno clónico sin tener mucha idea de componentes. Aquello no salió bien y el ordenador comenzó a dar problemas al año de compra. Tras esto me dije a mí mismo que la próxima vez que invirtiese mi dinero en un ordenador caro sabría bien lo que estaba comprando.

De todas formas, no es ni mucho menos sencillo este sector para los neófitos, todo lo contrario. Sí, hay mucha información por internet sobre productos informáticos, tal vez demasiada, pero la mayor parte de información parece estar escrita por expertos para expertos, con lo cual no me entero de mucho.

Cuando se ponen a hablar con jerga me vuelvo loco y pierdo el hilo. Y luego están los nombres de cada producto. Por ejemplo, si quiero mirar una memoria RAM hay tantas variables en sus especificaciones que le puede a una estallar la cabeza. De cualquier manera, no tengo prisa. Confío en que antes de 2020 me haya hecho un experto para poder entender la jerga de internet…