Sufrir un robo en un local comercial es algo muy desagradable y además de las pérdidas que ocasiona por lo que sustraen suele acarrear también gastos debidos a daños producidos por vandalismo. Incluso si se tiene un buen seguro que se haga cargo de todo, es posible que el establecimiento tenga que estar cerrado algunos días lo que haga que se pierdan ventas.

Pero todavía es más desagradable si cabe cuando se descubre que el ladrón o ladrones tenían las llaves del establecimiento. Si no se ha producido el robo de las llaves las sospechan van a recaer en las personas a las que les hemos confiado dichas llaves. Y, cuando lo hacemos, generalmente es gente de nuestra confianza.

Dependiendo del tipo de negocio, hay ocasiones en las que no queda más remedio que darles las llaves a empleados que se encargan de abrir o de cerrar. A veces es gente que lleva ya tiempo trabajando, pero hay circunstancias en las que los empleados cambian y no podemos tener unas referencias completas de la persona a la que debemos de confiar dichas llaves.

No obstante, no es posible acusar sin pruebas y a no ser que se descubra quién es el culpable por parte de la policía, siempre quedarán dudas de si ha sido alguien que actualmente tenga las llaves o si puede haber sido una persona que las tuvo en el pasado y que hizo una copia.

En cualquier caso, el primer paso tras la denuncia es contactar con cerrajeros madrid centro para proceder a cambiar la cerradura del local. A partir de ahí sería aconsejable contar también con un servicio de alarma por códigos. Estas alarmas se activan y se desactivan mediante códigos personales.

A cada trabajador se le proporciona un código que no debe de decir a nadie y que no debe de introducir delante de otros compañeros. De este modo, la llave no será suficiente para poder entrar, hará falta también un código en activo para desactivar la alarma, por lo que si se entra a robar, será fácil saber quién desactivó la alarma.

Cuando alguien deja de trabajar en la empresa, su código se desactiva y deja de ser válido, por lo que el control de la entrada está siempre actualizado. Esto, por sí solo, ya es una manera de disuadir a posibles empleados poco leales que pudieran pensar en efectuar un robo.